Cuentan
los
músicos
de
Viena
una
anécdota
que
dice
así:
un
alumno
aventajado
fue
cierto
día
a
hablar
con
su
sabio
profesor
y
le
preguntó:
- "Maestro,
¿cuánto tardaré
en
ser
como
tú,
en
saber
lo
que
tú
sabes
y
en
conseguir
la
fama
que
tú
tienes?".
El
maestro respondió:
- "Diez años".
El
alumno
entonces
replicó:
- "Pero maestro, si trabajo mucho, como ningún otro alumno haya trabajado jamás, ¿cuánto tardaré entonces?".
El sabio respondió:
- "Veinte años".
- "Pero maestro, si trabajo mucho, como ningún otro alumno haya trabajado jamás, ¿cuánto tardaré entonces?".
El sabio respondió:
- "Veinte años".
El
estudiante,
algo
desconcertado,
insistió:
- "Pero
si
también
trabajo
de
noche,
profesor,
¿cuánto
tardaré
entonces?".
El
maestro,
implacable,
sentenció:
- "Cuarenta años".
Desolado, el alumno preguntó por qué. Y el maestro respondió:
- "Porque si tienes un ojo puesto en la meta, sólo te quedará un ojo para ver el camino".
- "Cuarenta años".
Desolado, el alumno preguntó por qué. Y el maestro respondió:
- "Porque si tienes un ojo puesto en la meta, sólo te quedará un ojo para ver el camino".